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PT: Su modus operandi
Cuando Ernesto Zedillo decide echar del gobierno de Chiapas a Eduardo Robledo Rincón para darle gusto a los zapatistas por el execrable desprecio que sentía a todo lo que oliera al malogrado Luis Donaldo Colosio Murrieta, Julio Cesar Ruiz Ferro es ungido desde Los Pinos como gobernador y llega a Chiapas con una fuerza política sin precedentes.
Sin equipo político, desconocedor de la realidad del estado, Ruz Ferro admitió en los cogollos de su gobierno a toda la pandilla heredada por Eduardo Robledo Rincón, la que cercó y se repartió las estructuras gubernamentales con singular avaricia creando un statu quo de anarquía y terror.
Preocupado por legitimarse políticamente pues no tenía el respaldo social, Ferro suplicó la complicidad de los partidos y ahí surgió la silueta del Partido del Trabajo y de una caterva de trúhanes que empezaron a saborear las migajas de ese sucio maridaje político.
Sin una participación destacada en las urnas, el Partido del Trabajo se transformó en un desvergonzado aplaudidor de Ruiz Ferro al grado de festinar la inmunidad que gozaban el deschavetado secretario de gobierno Eraclio Zepeda Ramos y el poderoso y megalómano subsecretario de gobierno Uriel Járquin Gálvez, originario de Juchitán, Oaxaca.
Járquin fue un subversivo profesional y líder de aquélla terrorífica Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo (COCEI) que diseminó el caos en ese estado.
Cuando los otros partidos dieron la espalda al tonto gobernador Ruiz Ferro al cerciorarse que era un yerro, un bárbaro despropósito apadrinar sus desvaríos, el mandatario interino vio que el lado flaco de los dirigentes petistas era el dinero y el poder, su cínica mezquindad por vivir en la molicie, y entonces empezó a coquetearles hasta amarrar un empalagoso flirt que al gobernador le dio una quimérica popularidad y a esos patibularios líderes mucho dinero.
Ruiz Ferro les construyó un edificio a los petistas con fondos del gobierno y les daba un subsidio mensual que jamás fue invertido para hacer política sino para engordar las cuentas bancarias de esos pillos.
La partida controlada por Amadeo Espinosa Ramos, Abundio Peregrino García y Hugo Roblero Gordillo venía de saquear la dirigencia de la Sección 7. Ramos había sido secretario general en medio de una repugnante imposición orquestada en el hotel Camino Real por la tormentosa Elba Esther Gordillo Morales, avasallando los estatutos del sindicato a través de un festín de dinero para la compra de delegados sindicales.
Son malandrines políticos que han vivido de los chantajes. Se han rolado todos los puestos de dirección de ese partiducho y se reparten los escaños en el Senado, en la Cámara federal y en Congreso del Estado. –
Esos son los mismo que ahora urgen, gritan, piden una alianza con otros partidos, con el que sea, desesperados por continuar arañando el erario a partir de 2018. No les interesan las convicciones, ni las ideas ni las lealtades: Sólo les interesa vivir del gobierno. Ese ha sido su modus operandi.
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