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Nunca más la tiranía

La humanidad ha soportado a hombres que, obnubilados por el poder, cometieron los más atroces actos de barbarie en agravio del pueblo. Han sido hombres omnipotentes autoproclamados dioses terrenales que transformaron el libre albedrío en una válvula para dar rienda suelta a las canalladas, a la infamia, a la impunidad, al atropello y al quebranto de las leyes.

Hijo de Germánico y Agripina, Calígula tiene un lugar privilegiado en ese inventario de gobernantes excéntricos y esquizofrénicos al que se sumó Pablo Salazar Mendiguchía, ex gobernador de Chiapas y, sin duda, el sujeto más tiránico que soportó nuestro pueblo en su historia moderna.

“Hiérele de tal manera que no se dé cuenta de que muere” solía gritar Calígula para aterrorizar a la plebe cuando celebraba festines sangrientos es los que la muerte era el común denominador.

No solo hizo senador a su caballo Incitatus, sino que además era un individuo protervo, lascivo, cuya perversidad sexual, crueldad y extravagancia lo dibujaban como un perfecto tirano demente.

Calígula solía encabezar a sus generales a batallas ficticias. Salía del pueblo y a su regreso, con victorias convencionales y simuladas, ordenaba que bellas doncellas (vírgenes todas ellas) tiraran claveles rojos a su paso y regasen las calles en una expresión de reconocimiento a la valentía del perturbado emperador.

El final trágico de Calígula es en el mayor de los casos el que reserva la justicia divina para los gobernantes autócratas como él. El reinado de azote terminó cuando en la guardia pretoriana se enrolaron tres hombres que asesinaron al emperador, pero el complot fue preparado por senadores, políticos y gente del pueblo embargados por la rabia y el dolor.

Nerón fue otro de los grandes dictadores que contempla la historia. A Nerón se le recuerda por su enorme crueldad, por las ejecuciones sumarias durante su mandato, incluyendo la de su propia madre, y porque mientras Roma ardía en medio del caos y la brutalidad él pasaba el tiempo componiendo con su lira.

Más recientemente, Filipinas tuvo la dramática experiencia de ser gobernada por un déspota que con sus acciones exhibió una radiografía aborrecible de la maldad lastimando no sólo a ese miserable y empobrecido pueblo, sino a todos los hombres de la tierra que creen en la democracia y en las libertades.

Ferdinand Marcos se extravió en los lúgubres sótanos de la aberración porque no sólo orquestó en más de dos ocasiones su propia reelección a sangre y fuego, sino que desarrolló un gobierno absolutista. Creó una ley marcial con la que encarceló y persiguió perrunamente a sus adversarios políticos, asesinó a líderes opositores, formuló leyes a su conveniencia y abolió aquellas que le estorbaban.

El pueblo hambriento observaba desde la calle cómo en los jardines de la residencia presidencial lanzaban trozos de jugosa carne a los perros del desequilibrado hombre, mientras los niños, las madres, los ancianos y los jóvenes se disputaban en los suburbios mendrugos de pan.

Chiapas también tiene su leyenda. Aliado del dictador Victoriano Huerta y militar de carrera, Bernardo Palafox (en su mandato interino florecieron los cacicazgos) fue una pera en almíbar comparado con Pablo Salazar Mendiguchía porque éste, totalmente enceguecido por el poder, secuestró durante su sexenio de pesadilla a Chiapas.

Salazar reprimió al pueblo con leyes draconianas. No obstante su formación religiosa antípoda al catolicismo, persiguió a líderes sociales y políticos a quienes encarceló mediante trampas legales. Avasalló a los otros poderes y aplastó a organismos autónomos.

El suyo fue un sexenio atormentado por la ira, el cobro de facturas políticas, el rencor, el acoso sistemático, el silenciamiento de las más preciadas libertades de los chiapanecos como las de hablar y de escribir.

En la antesala de un proceso electoral que será definitivo para macizar la paz y la gobernabilidad de Chiapas, los ciudadanos estamos comprometidos a reflexionar antes de votar, porque pueblo que no conoce u olvida su historia, está condenado a cometer los mismos errores. –

 

Nunca más la tiranía en Chiapas. Nunca más la represión. –

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