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De los editores

DICTADURAS

Los ejemplos que nos muestra la historia sobre las dictaduras no circundan en conclusiones dichosas, como esas que disfrutamos siempre en las películas o en las telenovelas de ese repugnante Canal de las Estrellas.

Desde el asesinato de Calígula en enero del año 41 durante los Juegos Palatinos, apuñado por la guardia pretoriana que debía protegerlo, el finito de esos hombres que caen atrapados en la locura extasiados de poder, no ha sido para nada agradable.

Si bien les ha ido a algunos, terminan en la cárcel, tal es el caso del ex gobernador de Chiapas Pablo Salazar Mendiguchía.

La psiquiatría ha tratado inútilmente de buscar explicaciones concluyentes sobre la transformación de un hombre (o mujer, según el caso) que de pronto posee mucho o poco poder. No hay todavía tratados específicos de ese cambio de personalidad, pero sí hay individuos a quienes el poder los convierte en estadistas como Gandhi, por ejemplo; o los vuelve líderes impolutos que luchan por lo que creen, por la democracia y por las libertades de los demás. Luther King fue uno de ellos.

La historia de la humanidad nos da tristes y amargas muestras de abusos de poder. De tiempos inmemoriales y aterrizando en la época contemporánea nacen sujetos que no entienden, precisamente obnubilados por la supremacía, que la política y el poder germinan para hacer el bien al prójimo, para amarnos como nos enseñó Jesucristo, para procurar por un ambiente de paz, de bienestar, de gobernabilidad, porque finalmente el mundo es una casa en común.

Duele a la humanidad las tiranías porque no sólo generan la supresión de la igualdad y de las independencias globales y colectivas. Por esas tiranías absurdas hay millones de pobres en la tierra.

Por esas tiranías millones de niños mueren de hambre al año y, por esas tiranías que a la vez enriquecen y llenan de lujos a oligarquías estrafalarias, en decenas de naciones la democracia se torna exigencia constante.

Las dictaduras, infortunadamente, son mundiales. Es decir, pueden brotar raudamente en África o en cualquier lugar apartado del planeta, por más pequeño que sea.

Comenzando con Calígula hasta Muamar Gadafi, las dictaduras perviven como un centauro del demonio, pero también la democracia y la igualdad avanzan vertiginosamente para instruirnos que la voz del pueblo puede construir un mundo cada vez más justo, igualitario y democrático, como el que anhelamos todos para entregarlo así a nuestros hijos, a las generaciones que vienen.

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