· Aunque muchos no lo crean así, el que el CNI y el EZLN hayan propuesto a una mujer como candidata a la Presidencia del país es una forma de decirnos que los zapatistas no han desaparecido, que sólo están aguardando el tiempo de su acomodo.
Carlos Urze/Lavariaga/
El primer día de enero de 1994, un grupo de indígenas con pasamontaña armados con escopetas, revólveres y en su mayoría con machetes, palos y piedras se rebelan contra el gobierno de México, precisamente el día de entrada del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.
En el transcurso de los días iniciales de la lucha mueren cientos de personas entre civiles, policías y miembros del Ejército Mexicano (la cifra real de los muertos aún se desconoce, pero se aproximan a trescientos, la mayoría zapatistas).
Los declarados zapatistas avanzan y logran apoderarse de las cabeceras municipales de Ocosingo, San Cristóbal de las Casas, Las Margaritas y Las Cañadas. Durante dos días son dueños de San Cristóbal y hay batallas cruentas en Ocosingo y en Las Margaritas y se divulga el Primer Manifiesto de la Selva Lacandona. Más tarde confiesan que el ataque fue una forma de decir: “Aún estamos aquí”, refiriéndose desde luego al pueblo indígena.
¿Qué ha sido del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) después de 23 años de luchar por el respeto de los derechos de los pueblos indígenas? Analizando los acontecimientos podemos darnos cuenta que la situación actual de los pueblos indígenas no ha cambiado casi nada. Siguen los problemas por la tenencia de la tierra, la marginalidad y aún existe una cruel indiferencia a la situación de pobreza en que viven decenas de comunidades étnicas.
A la sazón ¿qué podemos esperar para los próximos años? Sin duda, nada. Pues nunca se lograrán los resultados si primero no se llega a comprender la esencia del zapatismo. Si no hay capacidad para razonar y asimilar el conflicto tampoco podemos hablar de la reparación de los daños, democracia, derechos políticos y respeto a los usos y costumbres indígenas.
Por otro lado ¿a qué se debe el estancamiento del EZLN? O, mejor dicho, ¿qué debe ocurrir para que se haga justicia y las muertes no hayan sido en vano? Quizá son tres las razones fundamentales: primera, las descalificaciones que ha recibo el EZLN de parte del gobierno federal; segunda, el racismo y la intolerancia y, por último, el desinterés y la falta de información en la sociedad.
EL CONFLICTO Y LA NADA
El movimiento zapatista surge, en parte, por los problemas con el gobierno priista, que los marginó a tal grado de dejarlos vivir como si fueran animales y no personas.
Un antecedente histórico: el 6 de agosto de 1969 surge en el norte del país la llamada Fuerza de Liberación Nacional y en 1974 tiene un conflicto en San Miguel Nepantla, Estado de México, con el ejército federal, donde es derrotado y pierde su capacidad activa.
El 17 de noviembre de 1983, surge el EZLN: un grupo conformado por indígenas Tzotziles, Tojolabales, Choles y mestizos que dieron a conocer formalmente la formación de un ejército regular bajo la declaración de guerra al gobierno mexicano que sustenta su “lucha bélica” (calificativo que le otorga el gobierno a las acciones emprendidas) en tres principios básicos: la defensa de los derechos colectivos e individuales negados históricamente a los pueblos indígenas, la construcción de un nuevo modelo de nación que incluya la democracia, la libertad y la justicia como principios fundamentales de una nueva forma de hacer política y el tejido de una red de resistencias y rebeldías altermundistas en nombre de la humanidad y en contra del neoliberalismo.
En diciembre de 1993, el EZLN guiándose del Artículo 39º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos decide combatir “al mal gobierno de Carlos Salinas de Gortari” y pedirle la renuncia al Presidente, culpándolo de haber usurpado el puesto tras un fraude electoral. Fue el principio del conflicto.
El 1 de enero de 1994, fecha en que entró en vigor el TLCAN, es cuando el ejército zapatista inicia el ataque, pero no logra el objetivo de tomar las plazas principales del Norte de Chiapas y por el contrario tienen muchas bajas, entre ellas la del subcomandante Pedro, Jefe del Estado Mayor del EZLN.
El 6 de enero de 1994, el presidente Carlos Salinas de Gortari emite un mensaje a la nación negando el levantamiento indígena y ofrece perdón a quienes depongan las armas. Ahí aprovecha la ocasión para acusar a los zapatistas de haber obtenido apoyo del extranjero y lo pone en contra de la sociedad con mentiras.
Ese crudo mensaje fue el inicio de una ola de ataques y descalificaciones hacia el movimiento zapatista que provocó que se agudizaran los sentimientos racistas y se exacerbe el encono en toda la sociedad mexicana, que debido a las declaraciones presidenciales ve al levantamiento armado como terrorismo local y a los indígenas como enemigos de la patria. La táctica de desinformar le funcionó muy bien al gobierno. Sobre todo, a Salinas.
Las luchas entre zapatistas y las autoridades, mayormente contra el Ejército Mexicano, se vuelven cruentas batallas donde se derrama mucha sangre: es impresionante el elevado número de asesinatos de militantes de base y simpatizantes del EZLN.
Doce días tardó aproximadamente el conflicto, pero las consecuencias fatalistas se reparten a través de los años siguientes.
Los encarcelamientos se dan por docenas –los casos de tortura se ocultan para no dañar el “buen nombre del gobierno”- y sirven para darle a la población la sensación de que se está haciendo justicia.
En el curso de los meses siguientes a los indígenas se les tilda de rebeldes, asesinos, sediciosos, agentes de ingobernabilidad y desestabilizadores de la paz social. Eso logra alejar a los seguidores y el movimiento pierde aún más fuerza.
Es justo mencionar el valor y la generosidad de muchas organizaciones civiles y de personas que se mostraron a favor de los derechos indígenas y de la paz en Chiapas, capaces de organizar movilizaciones notables como las marchas de enero de 1994, la Convención de Aguascalientes, la Convención de Chiapas que reunió a siete mil personas en 1994, la movilización contra la campaña de aplastamiento anunciada triunfalmente por Ernesto Zedillo el 9 de febrero de 1995.
Asimismo el Encuentro en La Realidad en 1996, la manifestación de la bienvenida en la Ciudad de México a los mil 111 representantes del EZLN en 1997, el Encuentro Sociedad Civil-EZLN en 1998, donde hubo tres mil asistentes, y la marcha del primero de diciembre de 2000, con Vicente Fox en la Presidencia de la República y dando la orden de repliegue (que no retirada) del Ejército en Chiapas, el desmantelamiento de 53 retenes militares y el envío al Congreso de la Iniciativa de Ley de Derechos y Cultura Indígenas y la Ley Cocopa.
Del cúmulo de asesinatos, expulsiones y saqueo de propiedades de los zapatistas, lo más indignante fue la matanza de Acteal el 22 de diciembre de 1997, a la que se quiso justificar como “un pleito por una gravera o máquina de hacer grava”. Hubo muchos detenidos, es cierto. Pero a los verdaderos responsables no se les tocó.
El racismo es visible en el conflicto. Se denigran a los indígenas como nunca antes y se les achacan usos medievales como “el arco y la flecha”, según la perspectiva del ex gobernador de Chiapas Elmar Seltzer, el mayor convencido del carácter antisocial y subversivo de los “indios”. Los periodistas abonan al descrédito y magnifican las palabras de Seltzer al decir que los indios fueron manipulados: “les lavaron el coco”.
Del cumplimiento de los acuerdos ni hablar. En 1996 se firmaron los Acuerdos de San Andrés, pero el Congreso se negó a convertirlos en ley. Por eso, en 2001, la Caravana Zapatista llegó a la Ciudad de México para pedir que el gobierno cumpliera lo que había suscrito. El llamado cayó en oídos sordos.
AGUARDANDO SU ACOMODO
El EZLN podrá tener sus lados criticables, como el pensamiento militarista de sus líderes, la falta de escrúpulos y el carácter fascista adoptado o inspirado por sus dirigentes; sin embargo, la sólida unidad del ánimo comunitario y la razón de ser de la lucha no son para nada minimizables y sus causas mucho menos, como el rechazo contundente a las condiciones infrahumanas de los indígenas y a la indiferencia gubernamental.
Aunque muchos no lo crean así, el que el CNI y el EZLN hayan propuesto a una mujer como candidata a la Presidencia del país es una forma de decirnos que los zapatistas no han desaparecido, que sólo están aguardando el tiempo de su acomodo.