Turbas rabiosas
Producto del choque de dos culturas, Chiapas enfrentó graves problemas políticos y sociales que se complicaron en el tránsito del tiempo a raíz de la indolencia en la política.
A esos conflictos seculares se sumaron muchos otros germinados del oportunismo, la ambición y del vacío de autoridad que en otras épocas colmaron las entrañas del entramado gubernamental.
De Absalón Castellanos hasta Pablo Salazar Mendiguchía y Juan Sabines Guerrero, la enfermedad endémica que corroyó a los entresijos de gobierno fue precisamente la corrupción y la impunidad.
Si bien desde las Sagradas Escrituras se establecen normas éticas y religiosas de lo que no debe hacerse, podría decirse que la corrupción es tan inmemorial como la existencia del hombre, cáncer que se hinchó a partir de la época de la Colonia por la avidez de los hombres que han detentado mucho o poco poder.
La biografía de Chiapas registra casos en verdad insólitos.
Con el general Castellanos Domínguez, por ejemplo, Chiapas sucumbió entre la ingobernabilidad y el surrealismo. Mientras el noble gobernador se dedicaba a coronar reinas pueblerinas y a inaugurar obras inconclusas en medio del más absurdo folclor, quien mandaba en la entidad era Manuel Salinas Solís, un sujeto originario del estado de Nayarit, señalado de misógino y adorador consuetudinario del alcohol.
Los bacilos de la corrupción se propagaron en los recovecos del palacio de gobierno. Y no sólo eso, sino que se extendieron hasta los ayuntamientos en donde el saqueo no tuvo límites y eso explica por qué entonces las alcaldías eran disputadas a sangre y fuego.
Con Patrocinio González Garrido el imperio de la ley fue solamente una expresión sui generis, de mentiritas. Atormentado por el rencor y con evidentes cicatrices emocionales por el patético fracaso político de su padre al ser echado de la gubernatura de Chiapas, don José protagonizó un episodio sanguinario en esta entidad porque la corrupción alcanzó su máximo esplendor al permitir y solapar que un sólo hombre concentrara tanto poder para cometer actos de rapiña y perseguir: Ignacio Flores Montiel, quien a la postre terminó en la cárcel acusado de homicidio.
A Elmar Setter Marseille y a Eduardo Robledo Rincón ya no les dio tiempo de caer arropados por la rapacería por lo efímero de su mandato. Uno fue interino y el otro a los 69 días de su ordenanza fue arrojado al ostracismo por la guerrilla zapatista y aquella casa de cuatro horcones que se propuso construir, quedó en una quimera.
Julio Cesar Ferro fue inequívocamente un gobernante torpe. Zafio en cultura y político lerdo y desconocido en Chiapas, fomentó y conllevó la corrupción hasta niveles escandalosos. El desgobierno y la inmunidad crearon una auténtica orgía política que desembocó la matanza de Acteal, hechos por los que Ruiz Ferro actualmente está sujeto a investigaciones ministeriales.
De 2000 a 2012 Chiapas vivió lo que conocemos como la docena trágica. Hubo corrupción, saqueo, opacidad, complicidades, anarquía, abuso de poder, fratricidios y la autoridad se usó para el bandidaje y el atropello a ultranza. –
Hoy Chiapas es otro, sin duda. Sería mejor si esas turbas rabiosas enroladas en la CNTE, MOCRIZ, OCEZ, CNPA, CIOAC, ayotzinapos, normalistas, etc., entendieran que Chiapas es nuestra casa común y que una cosa es libertad y otra libertinaje. –