De los editores...
- Escrito por Comunicado de Prensa
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¿Nos queda claro?
La ofensiva que emprendió el gobierno de Chiapas en contra del crimen organizado tiene connotaciones sociales de gran envergadura. Si bien no estamos en un estado de emergencia, la seguridad de los ciudadanos es prioritaria y trabajar en esa empresa no admite divagaciones ni escamoteo de recursos económicos.
Ubicado en una frontera en donde en otros tiempos se dio un fárrago turbador producto justamente de las actividades ilícitas, Chiapas es una posición estratégica para el país porque es la puerta de entrada y salida a Centroamérica, ésta una región históricamente emponzoñada de violencia y de pobreza.
En la franja fronteriza de Chiapas se vivió un statu quo que se incubó al paso de la indolencia oficial.
Allí estalló una grave problemática porque el hambre y las guerrillas que zarandean a los pueblos centroamericanos obligan a sus desesperados habitantes dirigir la mirada a los Estados Unidos, siendo Chiapas el punto clave por donde se inicia la pesadilla del sueño americano.
Así, todos los días miles de centroamericanos abandonan sus chozas y comunidades para emprender un vía crucis apocalíptico pues en casos recurrentes mueren en los ríos, en los montes, en las veredas, en los puentes, en los caminos perdidos o en el ferrocarril y ni siquiera se sabe el número exacto de víctimas y de muertes.
El resultado de la impericia de gobiernos del pasado enclocó un contexto inextricable porque entonces aparecieron bandas de delincuentes encargadas del tráfico de humanos y de drogas, convirtiendo a la frontera sur en un corredor de lo ilícito.
A la lucha del crimen entre sí por el control del comercio de ilegales (un pollero cobra al menos 2 mil 800 dólares por indocumentado para cruzarlo en esta frontera y trasladarlo a la otra frontera, la de México-Estados Unidos), emergió otro cáncer endémico que representa el activismo gansteril de la falange Mara Salvatrucha, nacida en California, Estados Unidos, en la década de los ochenta y hoy sorprendentemente ramificada en las ciudades más importantes del vecino del norte y, por supuesto, como insectos en toda la región centroamericana.
Ergo, los esfuerzos gubernamentales están orientados a cerrar el paso a las hordas de criminales que entre ellos sostienen una refriega sin cuartel y a muerte en aras de una hegemonía estratégica que hoy sienten perdida, pero que en otros tiempos fue un apetitoso botín porque les agenció muchas ganancias monetarias, incluso en dólares.
El plan gubernamental es muy claro: impulsar una frontera amiga y amparar la integridad física y los bienes de la gente. Se trata de un proyecto brioso no para el desfogue del abuso en contra de particulares, sino para cercar y combatir con precisión y carácter, con toda la fuerza de la legalidad, a tropeles de canallas y facinerosos en ese territorio desdeñado por otros gobiernos.
Por eso Chiapas es, por mucho, el estado más seguro. No lo decimos nosotros, sino las estadísticas y ellas reflejan una considerable baja en el índice delictivo en comparación a otras entidades de la república. -
Y la seguridad es sine qua non de la paz social, del desarrollo y de la gobernabilidad. ¿Nos queda claro?











