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CNTE y su historia de terror

Históricamente, el magisterio chiapaneco ha sido botín político de tribus sediciosas que desanudaron una lucha encarnizada por el control del poder. Los maestros son sólo carne de cañón que van a las marchas y paros bajo coacción, intimidados.

Las manos que mecen la cuna son las del veracruzano Adelfo Alejandro Gómez, las de Pedro Gómez Bámaca y las de Alberto Mirón.

 Los días más aciagos ocurrieron en el otoño de los ochenta con el asesinato a tiros del maestro Celso Wenceslao López Díaz quien, como ocurrió con David Gemayel Ruiz Astudillo en octubre de 2015, fue cebo político que benefició a la pandilla que gobernaba a la Sección 7. Su asesinato redituó suculentas ganancias políticas y de poder a los mandamases sindicales. 

El maestro pasó de ser bienquisto a una espiral de animadversión social hasta ser repudiado y degradado.  Como los curas, el maestro era en un tiempo no muy lejano una autoridad moral en los pueblos: se le estimaba y reverenciaba no sólo por su compromiso con la sociedad, sino porque además se trata de un agente de cambio.

Las movilizaciones populares emergieron en el mundo como señales de independencia social pero no pueden ser un desagüe para bajas pasiones políticas o para la búsqueda de connivencias soterradas. Una cosa es el Derecho y otra, totalmente opuesta, es la ilegalidad y la impudicia.

Alegando su derecho de manifestación, pero trasgrediendo los derechos del pueblo de vivir en paz y tener una educación de calidad y puntual, la CNTE libra una batalla sin cuartel por para echar abajo la Reforma Educativa. Penosamente, aquí se cuentan 7 millones de analfabetas y al menos 34 millones más están en rezago.

A ojo de buen cubero la CNTE persigue fines políticos en los cogollos del movimiento. Aparte de eso está otro ingrediente que es el temor. Usted sabe que la Reforma Educativa creó el Servicio Profesional Docente que obliga a los maestros a una evaluación permanente para certificar y mejorar su aptitud frente a las aulas.

A eso le temen: a la evaluación, porque varios cientos de miles de ellos serían reprobados demostrando así, con crudeza, el atraso del sistema de enseñanza y aprendizaje en México, muy lastimoso en comparación de otras naciones de América Latina como Brasil y Chile. Los incompetentes se tendrán que ir para ceder la plaza a maestros que sí garantizan una instrucción eficaz y acorde a los nuevos tiempos.

Temen perder privilegios obtenidos abusivamente en cargos de dirección y supervisión de la educación básica y media superior porque su reinado ha sido el chantaje. Han vivido en la suciedad.

Por eso es tiempo que el Estado, con toda su fuerza, someta a la legalidad a un puñado de bárbaros que nos tienen aterrorizados. Son criminales, no maestros y como tal se les debe tratar.

 

El Estado de Derecho del que tanto se habla en el discurso no puede ser pisoteado por turbas rabiosas y demoníacas que tapan caminos, bloquean calles, causan destrozos, atropellan la vida de terceros y cometen actos vandálicos escudados en la libertad como los ocurridos en Chiapa de Corzo recientemente.

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