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Chiapas es de todos

Uno de los grandes pensadores de la humanidad fue Confucio, cuya enseñanza moral y ética pervive en nuestros días gracias a las analectas que llegaron a Occidente con particular intensidad.

Confucio formula que el buen gobierno de Estado debe estar soportado en ejes esenciales, indestructibles, como son la caridad, la justicia y el respeto a la jerarquía. La última arista se refiere, claro, a la sumisión de un gobernante al pueblo porque éste es el que manda y el otro obedece sin reconcomios.

Las máximas virtudes de un buen gobernante deben ser la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo y el respeto a los antepasados. Como una concordancia entre marido y mujer o padre e hijo, el pueblo y el gobierno tienen qué ser uno mismo para alcanzar relaciones en plena armonía y de allí conquistar el desarrollo con equidad, fin primigenio de todas las sociedades.

 Cuando observamos que jinetes del Apocalipsis como las hambrunas o los choques bélicos entre naciones por la hegemonía se enseñorean en ciertas partes del mundo, es grato ser testigos (y participar, obvio) de la transformación gradual en Chiapas que no sólo conlleva bienestar colectivo, sino que –como bien lo proponía Confucio- existe una irrenunciable obediencia a las órdenes de la comunidad.

Usted sabe que Chiapas vivió un período fúnebre, de pesadilla, desde el gobierno incoherente del general Absalón Castellanos Domínguez hasta el sexenio inmediato anterior en donde el ejercicio de la autoridad sólo fue el mejor utensilio para la rapiña y para aterrorizar a los adversarios políticos.

Nueve mandatarios protagonizaron la etapa más cruenta en la época contemporánea. Nunca el Estado de Derecho ni la ley ni la analogía con los gobernados fue una prioridad porque, ya le decíamos, erigieron un Chiapas surrealista con costos sociales muy graves.

Algunos institucionalizaron el aquelarre político; otros el discurso embustero; unos más usaron el palacio estatal como alcobas lujuriosas para dar rienda suelta a sus más bajas pasiones, todo al amparo de la superioridad. Pero hubo un común denominador: la represión, el abuso de poder y el atraco.

En la actualidad ha habido medidas que parecen dolorosas, pero son necesarias so pena de caer en nuevos bretes financieros porque este gobierno está pagando deudas heredadas. Pero hay finanzas sanas, hay desarrollo, productividad y apenas hace un par de semanas la organización ciudadana Semáforo Delictivo calificó a Chiapas como la entidad más segura de la República. –

Hay tolerancia, no debilidad ni condescendencia ante el atropello. Que nadie se confunda porque entonces se torcerían los principios que nos enseñaba Confucio.

Ojalá grupos radicales a ultranza, aquellos bárbaros que le apuestan a la violencia ante la ausencia de inteligencia, entendieran que Chiapas es nuestra casa común y que aquí nos ha tocado vivir. Ojalá que repasen en sus tiempos de ocio, que es extenso, las letras de nuestro himno y entiendan que es hora de acabar la odiosa venganza y el rencor. –

CNTE, CIOAC, MOCRI, normalistas y simpatizantes de ayotzinapos deben entender que Gandhi no necesitó armas ni violencia para lograr la transformación de todo un pueblo. Chiapas es de todos, no de grupúsculos de vándalos que confunden libertad 

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