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Eva, Adán y la corrupción

Según los estudiosos, la corrupción viene de tiempos inmemoriales. El primer acto se supone que se dio en el jardín de las hespérides cuando Eva, tentada por la serpiente, corrompe a Adán y éste come del fruto prohibido. Y ya sabemos qué pasó.

Durante doce años, es decir en los sexenios del Torquemada Pablo Salazar Mendiguchía y de Juan Sabines Guerrero, la corrupción y la impunidad se hallaron de pronto en un ardiente flirt. Fue una germanía de criminales, de asaltantes y de ladrones encubiertos en el poder oficial. Los campos empobrecieron. La migración alcanzó auges escandalosos de muchachos que, en busca de una vida mejor, se arrojaron al sueño americano.

No hubo desarrollo. La violencia fue una especie de común denominador en las ciudades y en los surcos porque, por ser Chiapas un estado eminentemente agrícola y agropecuario, la lucha por la tierra estalló con singular ferocidad al igual que la escisión religiosa en las comunidades nativas en donde la paz era la de los sepulcros.

¿Pudo haber un escenario más doloroso? No, desde luego. El poder y la política no significaron, como ahora, dos agentes de cambio, de transformación y de gobernabilidad.

El poder y la política se emplearon con locura desenfrenada. Los usaron para mandar a la cárcel a quienes no simpatizaban con el gobernante. Los usaron para el crimen. Fueron gobernantes narcisistas, histéricos, histriónicos, psicópatas.

No hay varitas mágicas para resolver dificultades que se crearon con el tiempo y la indolencia, lo sabemos. Estamos atrapados en lastres del pasado.

Gobernar una entidad como Chiapas, con tantas contrariedades, no es como un episodio de taumaturgia cuando el atrevido ilusionista saca del sombrero al coqueto conejo blanco. Es una responsabilidad colosal reservada para grandes hombres y grandes líderes.

Las políticas públicas que se han asumido en Chiapas son necesarias so pena de caer en la ingobernabilidad. Ya corrimos ese riesgo cuando el sexenio inmediato anterior heredó una pesada losa de corrupción, deuda multimillonaria, desfalco y quebranto en las finanzas al grado que no había ni siquiera para pagar sueldos corrientes a la burocracia y al magisterio.

Desde el gobierno se han dado señales importantes de austeridad porque ha habido un recorte salarial en los funcionarios y en privilegios que en otros tiempos era impensable recortar.

Quisiéramos ir mejor, desde luego, pero vamos bien, a pesar de nuestras dificultades. ¿Quién no las tiene?

Chiapas es el estado más seguro de la República y en un proceso franco de crecimiento y desarrollo, con inversiones, turismo y paz social.

 

 

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