Menu
Conanp y Profepa clausuran trabajos ilegales en humedales protegidos de SC

Conanp y Profepa clausuran trabajos…

San Cristóbal de Las Casa...

Impondrán multas de hasta 5 mil pesos por exceso de velocidad y ruido en Tenejapa

Impondrán multas de hasta 5 mil pes…

San Cristóbal de Las Casa...

Ganador de “Pintando Sueños 2026” representará a Chiapas en California

Ganador de “Pintando Sueños 2026” r…

San Cristóbal de Las Casa...

Eduardo Ramírez y Elena Poniatowska evocan el legado de Rosario Castellanos

Eduardo Ramírez y Elena Poniatowska…

En Casa Chiapas, en la ...

Piden multa tras accidente de repartidor en Chenalhó

Piden multa tras accidente de repar…

Chenalhó, Chiapas.- Un ...

Mujer queda grave tras fuerte choque en la carretera Comitán-Teopisca

Mujer queda grave tras fuerte choqu…

Una mujer resultó grave...

Inician levantamientos técnicos para la construcción del puente de Nueva Maravilla en SCLC

Inician levantamientos técnicos par…

San Cristóbal de Las Ca...

Vivienda en riesgo de colapso alarma a vecinos de Santa Lucía

Vivienda en riesgo de colapso alarm…

San Cristóbal de Las Casa...

Destruye FGR casi media tonelada de narcóticos y objetos del delito en Chiapas

Destruye FGR casi media tonelada de…

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas...

SEDENA lanza reclutamiento en San Cristóbal para ingresar al Ejército

SEDENA lanza reclutamiento en San C…

San Cristóbal de Las Casa...

Prev Next
A+ A A-

Racismo, a nuestro pesar Destacado

·        Y hay consejas “clásicas” que nos retratan de cuerpo entero: “no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre”, decimos aún, frecuentemente. Refranes y otras expresiones racistas, que espero pronto traer a colación.

 

Los de mi generación, siendo aún pequeños, no reparamos nunca en las formas y comporta­mientos racistas de nuestras familias, incluidos nosotros mismos.  Me refiero a quienes fuimos niños a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, establecidos a lo largo y ancho del valle del Grijalva, la tierra caliente.

Nos parecía la cosa más natural del mundo nombrar con las palabras “indio”, “chamula”, “muco” y “cushte” a quienes no vestían ni hablaban como nosotros, así sus ropas fueran más elegantes que las nuestras, y confundiéramos a oaxaqueños con guatemaltecos.

Sabíamos que “bajaban” de la tierra fría, de Los Altos o de La Sierra y que allá vivían a sus anchas. Que venían a trabajar como asalariados en las labores agrícolas, o a “alquilar” tierras de labor bajo el régimen de aparcería. Acampaban en las fincas y en los ejidos entre junio y julio para sembrar maíz, frijol y calabaza, y luego entre noviembre y enero, regresaban a sus pueblos con provisiones y plata.

Traían de vez en cuando, duraznos, manzanas, peras y camotillos. Los vendían de casa en casa, aunque en ocasiones, recuerdo, ponían su tendal frente a la Presidencia, o junto al Parque.

Los varones adultos usaban caites o botas de hule, las mujeres y niños iban descalzos y, yo creía —así me habían enseñado en la casa, en el colegio y en la calle— que era natural que durmieran en el suelo, que fueran analfabetas, que percibieran salarios menores que los de la gente del pueblo, que se emborracharan con posh hasta la ignominia, y que sólo comieran tortillas tiesas, chile, frijol y guash.

Nos habían dicho que mientras nosotros bebíamos pozol de cacao dulce, ellos tomaban el suyo, arranciado o agrio.

Creía que todo eso era normal. Que los mestizos o ladinos del pueblo, éramos, válgame Dios, finos, educados y superiores. Incluso llegué a pensar con los amigos de la cuadra, que los indios eran una variedad o especie diferente de personas.

O sea, que llegamos a creer a pie juntillas, que no eran como nosotros y, al igual que otros antes, decidimos que los hablantes fuereños de otras lenguas, diferentes en su ropa, en sus alimentos y en todo lo demás, fueran por lo menos torpes. Sí. Torpes. ¡Ah…! Entonces es eso, pensábamos. Por eso es que no saben y no aprenden a hablar como nosotros. Por eso a la iglesia del Señor de Las Misericordias, llegan sólo a medio día, cuando todo está en silencio…

Y sí. Veíamos que no rezaban como nosotros. Sus soliloquios eran una mezcla de clamor, lloriqueos y canto, y bebían aguardientes mientras se consumían sus velas. Los niños siempre andaban moquientos, con sus caritas sucias, y las mujeres no usaban justanes ni pantaletas debajo de las enaguas. De acuerdo con esta visión, era obvio que a esa gente la veíamos con una mezcla de compasión y repugnancia.

Así que la exclusión y el menosprecio hacia ellos, característica de la discriminación racial, e incluso de la discriminación cultural, fue para los de mi generación cosa habitual, casi sagrada. Determinada por los usos y las costumbres imperantes y, en general, por el contexto y la historia regional.

Sin embargo, también es cierto que tal racismo, al menos en la zona central, nunca llegó a actitudes de extrema exclusión e intransigencia; como aún hasta hace poco, se observaba en algunos ámbitos, hoy cada vez más achicados, en las ciudades ladinas alteñas, rodeadas de pueblos indios.

Me refiero a Sxbal, Teopisca, Comitán, Altamirano, Ocosingo, Chilón, Yajalón y etcéteras, en donde injusticia y arbitrariedad fueron el pan de todos los días, desde la época de la Colonia. Además de la exaltación identitaria de los mestizos, autoproclamados cashlanes.

Ni a dónde ir para esconder nuestros desplantes y actitudes. Ni cómo esconderlas si forman parte de nosotros mismos… Somos racistas insisto, y ello se observa aún hoy, tras veinte años del último levantamiento de los pueblos indios.

Fácil es aún escuchar en la conversación de la calle: “bobo el indio”, “alzado el indio” o “ya parecés chamula, vos”. Incluso recién escuché que alguien le preguntó a otro —Oí… ¿llegó gente? —No, contestó aquel— puro indio.

 

Y hay consejas “clásicas” que nos retratan de cuerpo entero: “no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre”, decimos aún, frecuentemente. Refranes y otras expresiones racistas, que espero pronto traer a colación.

volver arriba

Sigue a Prensa Libre Chiapas en tu feed de Google News.